Bien es sabido que muchas de las decisiones que ha tomado la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood para elegir ganadores, en ocasiones dejan mucho que desear y es claro que el problema principal es la falta de democracia que hay dentro de la industria. El mismo Emmanuel Lubezki, quien recibió por tercer año consecutivo el Oscar a Mejor Fotografía mencionó que el Oscar no es objetivo debido a que sólo votan seis mil personas. Agregó también que los Premios de la Academia no son una competencia sino más bien una celebración al arte y técnica de la manufactura cinematográfica y que los medios de comunicación han sido los encargados de generar la polémica y la competencia dentro de esta celebración.

Debido a esta falta de objetividad en los premios, grandes artistas del quehacer cinematográfico jamás se vieron recompensados hasta ya entrados en una edad ya muy avanzada, como fue el caso de Ennio Morricone, afamado músico de grandes joyas como Once upon a time in America, Por unos dólares más, El bueno, el malo y el feo, entre otras seiscientas películas y series televisivas. Morricone apenas se vio recompensado el domingo pasado con su primer y único Oscar por su trabajo en The hateful eight de Quentin Tarantino.

Como él, han sido muchos a los que la Academia injustamente ha menospreciado, sin embargo, ninguno de ellos necesitó de un premio para que la historia los reconociera como grandes figuras del cine, pues su talento, picardía, ideología, elocuencia, pensamientos y estilo fueron los que les dieron el lugar que merecen en la historia del cine.

Abajo les dejamos una lista con los grandes perdedores y trascendentes omisiones del Oscar.

Andréi Tarkovski

No todo el mundo aprecia la obra de Andréi Tarkovski (1932-1986). Sus películas son visionarias pero también largas y, a veces, difíciles. Fue un director de grandes directores; Ingmar Bergman, su mejor alumno, le consideraba el mejor director de todos los tiempos. Akira Kurosawa y Roberto Rosellini le adoraban por encima de todas las cosas, y así, hasta Rotten Tomatoes, donde casi todas sus películas obtienen un improbable 100%. Entre el público llano, la valoración de sus obras oscila -dependiendo de la edad, humor y preferencias del espectador- de fascinantes a insoportables.

Tenía un pensamiento muy particular sobre el cine que dejó plasmado en un libro obligado para todos aquellos que quieren hacer cine: Esculpir el Tiempo.

A pesar de que el genio ruso revolucionó la imagen-movimiento, nunca obtuvo alguna nominación al Oscar.

Stanley Kubrick

Fue uno de los más fascinantes artistas del Siglo XX. El cine fue el arte con el que cautivó a varias generaciones, y lo sigue haciendo hoy.

Sus películas provocan lo mismo que admiración, indiferencia. Los personajes de sus historias reflejan desgarradoramente todos los lados de la naturaleza humana, tanto aquellos que están a la vista, como los que están ocultos.

El legendario director estadounidense recibió 13 nominaciones en su carrera: cuatro de ellas, al Mejor Director, y otras cinco, al Mejor Guión. El único Oscar que se llevó fue por los efectos especiales de 2001: A Space Odyssey (1968). Dicen que su hosca manera de ser y su alejamiento de los circuitos comerciales de Hollywood le hicieron quedarse a las puertas de los premios de la Academia.

Charles Chaplin

Para muchos, el mejor comediante de la industria. Siempre una persona polémica por sus relaciones y sus ideologías políticas. Fue tachado de Comunista y expulsado de EEUU durante el periodo de la Guerra Fría por el director del FBI J. Edgar.

El británico nunca recibió una estatuilla por su trabajo como director ni como actor. Sin embargo, la Academia fue generosa con él y le concedió dos premios honoríficos: uno por su genio y versatilidad al actuar, escribir, dirigir y producir The Circus (1928) en 1929; y el segundo en 1972, por contribuir a hacer del cine la forma de arte del siglo XX. El tercero de los Oscars de Chaplin lo ganó un año después, en 1973, por la música de su película Limelight (1952), la cual había estado censurada en los Estados Unidos hasta 1972, año en el que se difundió por las salas de cine.

David Lynch

Es uno de los directores más vanguardistas que existe en el panorama cinematográfico de Estados Unidos. Su obsesión por lo onírico ha dado un sello característico a su cine, mismo que es palpable en producciones como Eraserhead (1977) o Blue Velvet (1986). A pesar de ser un referente destacado en el cine de poesía visual actual, el universo Lynch no ha podido convencer a todos. Ha estado tres veces nominado al Oscar, sin conseguir ninguna victoria –por su labor de dirección al frente de Mulholland Drive (2001), Terciopelo azul (1986) y El hombre elefante (1980).

Marilyn Monroe

Mientras que una figura tan icónica, y de tan trágica y corta vida dejó su huella en el escenario global, apelando a sus actuaciones en Gentlemen Prefer Blondes (1953) y The Seven Year Itch (1955), la rubia no pudo conseguir la aprobación de los votantes de la Academia. Quizá su estatus de símbolo sexual, así como las fuertes polémicas que se generaron alrededor del entonces presidente de EEUU, John F. Kennedy, influyó en la percepción de su talento actriz y, por ende, la condenó a nunca recibir un Oscar. Ni honorífico.

 

 

 

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